Una noche Accidentada.
Una Noche Accidentada

Les cuento una anécdota.
Una noche viajaba en el 155 (Once/Toay) y lo hacía charlando en el coche comedor con el Camarero del Pullman, el Guarda Jefe de Tren, el Inspector de Guardas, los Mozos y los Cocineros, en virtud a que ya hacía rato habían finalizado los turnos de comida para los pasajeros se encontraba toda esta gente cenando en camaradería y yo fuí gentilmente invitado a sumarme a las mesas de ellos.
Faltando aproximadamente unos 10 kms para llegar a 9 de Julio, en momentos en que con una formación de unos 13 o 14 coches marchábamos a unos 90 km/h, de manera repentina se escuchó el escueto pero característico soplido de la tubería de la válvula de freno de emergencia del coche al hacerse una aplicación de ese tipo.
Sabedores de lo que se vendría todos levantamos nuestros respectivos traseros de las sillas y manoteamos firmemente las botellas ubicadas sobre las mesas, a la par que apoyábamos los codos en las mismas manteniendo nuestros pies bien abiertos apoyados en el piso para tratar de conservar el equilibrio ante un posible descarrilamiento y desestabilización del vehículo...
Inmersos en una total incertidumbre veíamos como la formación continuaba su marcha pese a la aplicación total de la potencia de frenado aunque gradualmente perdía velocidad, no obstante al percibir que pese a no detenernos seguíamos encarrilados nos proporcionaba algún alivio, hasta que por fin, luego de cientos de metros recorridos con las ruedas maneadas, por fin el tren consiguió detenerse;
Si bien no escuchamos ningún ruido extraño - más allá de los propios chillidos producidos por el violento frenado - que nos permitieran intuir un embestimiento contra algún vehículo, tampoco vimos por las ventanillas nada que nos indujera a pensar una situación similar, era evidente que algo había sucedido, por ello con el Inspector salimos raudamente en dirección al PA inmediato al Restaurante ya que éste carecía de puertas laterales, una vez ubicados en cada uno de esos estribos mirando hacia adelante y hacia atrás no se apreciaba nada anormal, hasta que de pronto vimos que de la locomotora bajó una persona, luego otra, le siguió una tercera y por fin una cuarta (cuánta gente va arriba de esa máquina? pensaba yo, en realidad era el Ayudante de Conductor más otros tres colegas que viajaban a residencia fuera de servicio), los cuatro se acercaron al miriñaque de cabeza de la máquina, se agacharon, la locomotora levantó freno, pegó un bocinazo cortito y comenzó a retroceder lentamente, recorrimos hacia atrás unos 10 metros y nos detuvimos nuevamente.
Al retroceder la formación la luz plena de la máquina permitía observar que las cuatro personas apostadas agachadas en tierra cinchaban fuertemente de algo que se hallaba debajo de la locomotora, al ser mayor la distancia pudimos ver que era un animal vacuno lo que se retiraba tirando de su cola y su cabeza, una vez quitado el cadáver del vacuno ascendió el personal que estaba bajo la máquina y reanudamos la marcha;
Al llegar a 9 de Julio me fuí hasta la máquina en procura de información de lo sucedido aunque ya era algo deducible, el Conductor me comentó que de manera imprevista y saliendo de entre los pastos esta vaquillona se interpuso a nuestro paso sin siquiera darle tiempo a tocar bocina, el impacto fue con la máquina en punto 8 (una GR12) y la aplicación de emergencia fue posterior al embestimiento del animal, al infeliz cuadrúpedo el topetazo lo arrojó sobre los rieles mientras que el miriñaque de la locomotora lo aprisionó bajo el mismo y lo condujo a la rastra toda la distancia que recorrimos con el freno aplicado hasta poder detenernos, afortunadamente patinó sobre las vías - en ese lugar por entonces el terraplén carecía de balasto mientras que los hongos de los rieles asomaban apenas sobre el nivel de la tierra - sin que las ruedas llegasen a arrollarlo, de haber ocurrido ésto posiblemente hubiésemos descarrilado.
Como podrá ver en este suceso sin querer se dieron las circunstancias que a usted le fueron comentadas, sin embargo el animal no resultó arrollado por una mera cuestión de que el piso actuó favorablemente, de haberse tratado de balasto de piedra probablemente el resultado hubiese sido otro.
Texto de : Mario Antonio Lorenzo Togno
Foto: Sebastián Bottaro
Para Plataforma14 - Buenos Aires - Julio 2008
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